Archivo de la categoría: Relatos vitales

Ana Ocaña Ortiz

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Ana Ocaña Ortiz

Mi nombre es Ana María, como mi abuela, extremeña alegre y optimista que me hablaba de otros futuros posibles mientras me enseñaba a coser corchetes y botones. Nunca he sabido qué quería hacer en la vida, así que he tratado de vivir varias vidas en una. Un poco de esto y un poco de aquello, viajes, teatro, música y una oficina de ocho a cinco. Hace unos años cambié de nuevo el rumbo y volví a la Universidad. Descubrí la Enfermería y el arte de cuidar. En último curso elegí una asignatura llamada “Desarrollo Comunitario” donde profesionales de diferentes ámbitos me enseñaron su Atención Primaria y encontré mi lugar. En Mayo de 2018 terminaré la especialidad de Enfermería de Familia y Comunitaria y, a pesar de la dosis de realidad que he tenido estos dos años sobre el estado en el que se encuentra la Atención Primaria, quiero participar en el movimiento hacia el cambio, aunque sea desde fuera, aunque las bolsas de trabajo y los puntos lo sigan impidiendo.

Aspiro a poder trabajar en los espacios comunitarios, a crear puentes entre salud pública y atención primaria, y a crear red con aquellxs que creemos poder mejorar la salud de nuestra comunidad.

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Carolina Mir Sánchez

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@CarolinaMir_

Valenciana y por tanto mediterránea, no podría vivir sin estar cerca del mar. Doctora en Medicina y Médico de Familia y Comunitaria, formada en la ciudad que me vio nacer. Esta formación me ha llevado a conocer y trabajar junto a grandes profesionales que me han ayudado a ser lo que soy hoy día, y por tanto van unidos a mi biografía.

Dedico mi día a día en hacer lo que más me apasiona que es ser médico, acercarme a la realidad de las personas y ofrecerles mis conocimientos y habilidades para mejorar en la medida de mis posibilidades su calidad de vida. Todo esto con una mirada hacia la búsqueda de nuevos retos que mejoren y hagan mejor y de más calidad la Atención Primaria.

Tiendo a salir de mi zona de confort a veces con un punto friki o incluso poco reflexivo, todo ello porque me considero una avariciosa de aprender cosas nuevas. Pienso que no se puede aprender cosas nuevas sin tomar parte de situaciones que impliquen cambios e innovaciones. Claro que todo ello no lo podría llevar a cabo, sin la seguridad que me aporta tener un centro al que siempre vuelvo, que es mi familia.

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Rosa Tomás Almarcha

rosa tomas

@rosa_tomas

Soy manchega de nacimiento, estudié medicina en la Universidad de Valencia, y las “circunstancias” me han hecho vivir ya más tiempo en esa “Comunitat” que en la que siento mía.

Nunca me he definido por ninguna especialidad en concreto, me llamaba la atención medicina interna, pero yo lo que quería era ser médico o investigar (casi ná), así en general. Elegí hacer la residencia en el Hospital de San Juan (Alicante), porque era un hospital pequeño donde los “residentes de familia” eran prácticamente los únicos, y porque miraba al mar. El sol y mar Mediterráneo enganchan y cuando te acostumbras a vivir cerca, sientes que los necesitas. No tuve mucha suerte con mi tutor, buena gente, pero ni de familia ni de comunitaria aprendí mucho, aunque tenía buen ojo clínico y sabía tratar a las personas.

Al terminar la residencia comencé a trabajar en el área de salud del Hospital de Elda, zona más interior (la precariedad en Alicante disminuye según te alejas del mar). Yo era muy condescendiente (y novata): tardes, viernes, sábados, guardia… ¡como no me iban a apreciar! Y yo encantada… no me sentí precaria, ni “sustiputa”, me sentí querida.

Conseguí por bolsa un contrato largo, 6 años, durante los cuales conocí de primera mano el significado de la Medicina de Familia, de la longitudinalidad, y de la MATERNIDAD, ¡¡¡2 veces!!!. Y con ella un cambio vital, grupos de madres y ver la sanidad desde fuera, desde la perspectiva de paciente/mujer que da a luz y que lleva a sus hijos al pediatra. Y EMPEZÓ A CAMBIAR TODO. Y las preguntas empezaron a ser más que las respuestas.

Pertenezco a un grupo de investigación multidisciplinar en lactancia materna, experiencia en el parto y parentalidad de la Universidad de Alicante. Hemos publicado numerosos artículos en revistas de impacto, en 2016 publicamos un artículo en la JOGNN americana donde estudiamos a más de 1400 mujeres y sus actitudes hacia la lactancia materna que por cierto ha derivado en mi tesis, y soy Doctora en Medicina por la Universidad de Alicante desde Junio de 2017.

Acepté con la ilusa ilusión de poder hacer “algo” ser Jefe de mi Zona Básica de Salud. Poca capacidad de maniobra, pero ahí estamos, desde 2014. Presidenta del Congreso regional #SVMFiC16, SIN patrocinio farmacéutico, por primera vez en la Comunidad Valenciana (y parece que continúa la tendencia). Tutora en el satélite de SIAP en Madrid 2017. Mi primer SIAP el de Granada y así hasta hoy, sin perderme casi ninguno, presencial o virtual. Otro mundo. Así que formar parte del Comité Organizador del SIAP 2019 en Valencia es un gran honor para mí.

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Mercedes Pérez-Fernández

mpf

Mercedes Pérez-Fdez.

Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid (España) y especialista en Medicina Interna dejó la comodidad del hospital por la posibilidad de ser al tiempo madre y médico de cabecera de 2.000 pacientes. Con cinco hombres en casa se hizo feminista de armas tomar.

Sus pacientes salían con frecuencia en las noticias, en la sección de sucesos, pues dedicó casi tres décadas (70, 80 y 90 del siglo XX) al bronco San Blas, del Madrid del tiempo de antes, durante y después de “la Movida”, cuando la heroína mataba tanto como el SIDA. Tras un tiempo en un asilo (como médico) ocupó plaza de médico de pueblo ya sin hijos en casa, en la primera década del siglo XXI.

Entre las experiencias vitales, el viaje de tres meses de 2011 recorriendo la piel y las venas abiertas de Brasil (25.000 km, 32 ciudades, 19 estados, 70 centros de salud), zonas de bajo Índice de Desarrollo Humano, para evaluar la atención primaria con la Sociedad Brasileña de Medicina Familiar y Comunitaria. De siempre le gustó la ética médica y le ha dedicado horas de teoría y práctica. También le gusta pintar al óleo y hacer iconos al estilo antiguo.

Se le da muy bien el punto y lucen piezas hechas a mano su esposo (Juan Gérvas), cuatro hijos y ocho nietos (y algunos amigos). Todavía, a veces juega con Honorata, la muñeca que viste y calza como si fuera la hija que nunca tuvo, que le regaló su entonces novio y actual marido. Baila muy bien, es alegre y animosa, buena compañera de viajes y del viaje de la vida. Lee ficción, aprecia el buen vino, disfruta de las calas del Cabo de Gata y del nadar en el mar Mediterráneo, y no le importa pasar el rato distraída “pensando en las musarañas”.

No aguanta ni la injusticia, ni la corrupción, ni a los abusones, ni a los estúpidos, ni a los chulos, ni las tonterías innecesarias. En 2015 tuvo un grave infarto de miocardio del que está recuperada, más animada y más crítica con la medicina que nunca. Ha publicado con Juan Gérvas tres libros: “Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias“, “La expropiación de la salud” y “El encarnizamiento médico con las mujeres“.

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Luz de Myotanh Vázquez Canales

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@Luz_Vazca

Nací en un pueblo cercano a Orihuela, llamado Callosa del Segura, una casi ciudad rodeada por el río Segura. Toda mi familia pertenece a esta región. La mayoría no se consideran de la Comunidad Valenciana, a pesar de vivir en la provincia de Alicante. Se llaman República Independiente de la Vega Baja porque es una zona frontera entre Murcia y Alicante. Con 2 o 3 años me mudé a Valencia porque mi padre era neuropsiquiatra en el Hospital General de Valencia. Me eduqué durante mis primeros años de vida en colegios de élite y posteriormente mi madre nos cambió a la escuela pública donde aprendí a convivir con todo tipo de gente y poblaciones. Fue un cambio muy importante en mi vida y me marcó tanto que no sería la persona que soy hoy sino hubiera vivido todo eso.

La frase de “quiero ser médico” creo que siempre la he tenido en mi boca por la influencia de mi padre. Finalmente estando en el instituto fue cuando decidí que quería ser galeno. Muchos colegas de mi padre me recomendaban hacer otra carrera por la dificultad de los estudios y por su sacrificio. Nunca hice caso y seguí adelante con mi sueño de ser médico. Al llegar a la facultad la vida me dio UNA bofetada porque ya no eres el mejor de tu clase; eres uno más entre mucha gente buena. Pasé la facultad en un estado permanente de confusión en el que no entendí la mayor parte de cosas ni tampoco su aplicabilidad en mi futuro profesional. Tampoco nos enseñaron la ética, la moral, la parte más antropológica de esta profesión. Así que los años fueron pasando hasta que me fui a la Universidad Libre de Bruselas en quinto año de medicina. Era un sistema mucho más avanzado que el español. No había exámenes test sino casos clínicos, en las prácticas eras como un residente, a pesar de ser estudiante. Fue un año muy gratificante. Al volver llegó la decisión de hacer el MIR y la especialidad. Solamente tenía dos opciones en mi lista: medicina de familia y psiquiatría. Siempre quise ser psiquiatra porque la medicina de familia no sabía lo que era. Mi único contacto con esta especialidad siempre había sido como paciente, nunca como estudiante de medicina.

Al inicio de la especialidad, R1, fue un año durísimo. Aprendí y desaprendí porque entonces el programa formativo solo incluía dos meses de primaria durante el primer año. Así que básicamente todo el primer año fue hospitalario y en las urgencias. Después de cada guardia llegaba a casa desecha, algunos días llorando, otros desamparada y otros incluso con mutismo de veinticuatro horas. En algunas de esas guardias sufrí el abuso de las “autoridades médicas” de los servicios de urgencias hasta incluso humillaciones que mi padre me motivó a denunciar en la Comisión de Docencia que me costó amenazadas y enemistarme con algunos adjuntos del hospital. No fue fácil y cada día que pasaba me lo quería dejar. Mi familia me apoyó y fue la que
me impulsó seguir hacia delante.

Desde que empecé el hospital me frustró mucho como persona y como profesional así que intenté salirme de esos círculos y tuve contacto con la Sociedad Valenciana de Medicina Familia y Comunitaria que fue mi máximo motor para inspirarme y a ir sabiendo lo que quería hacer.

R3 fue un gran año porque tuve el primer contacto con la primaria (pediatría, Planificacion, rotatorio rural…). Tuve un flechazo con la primaria y me enamoré de esta especialidad. Mi plan siempre había sido hacer psiquiatría al acabar medicina de familia, pero desde aquel año solo quiero ser médico de familia. Las razones fueron mi tutora, el contacto con blogs de ciertos autores No gracias, equipo Cesca, Raúl Calvo, Pacap, los libros Juan Gérvas y Mercedes Pérez, Rafa Bravo, Sergio Minué… Toda esta gente me han ayudado a seguir como médico de familia y a no querer ser otra cosa. Gracias a estas lecturas encontré mi sitio.

Desde hace un año dejé de ser vocal de residentes. Una de las cosas de las que más orgullosa me siento es de haber sido participe, junto con otros compañeros, de las primeras jornadas de residentes y primer congreso autonómico en el año 2016 sin humos industriales. Y desde entonces esta es la tendencia que queremos seguir y la que hemos estado siguiendo.

El verano de 2017 mi vida dio un gran giro. Acabo la especialidad de medicina de familia y de repente entro a formar parte de la liga de los JMF. Ese término lo voy a llevar como una losa durante los próximos 5 años de mi vida profesional. Una definición de este colectivo, con la que me siento muy identificada, aparece en un artículo de AMF en marzo de 2017 “El relevo generacional de la medicina de familia” y lo definen como ” […] la simplificación en una clasificación infantilizante (en un marco en el que el valor edad funciona como metonimia de otros aspectos positivos)”. La vida te cambia cuando eres JMF. Pasas de tener una ficticia estabilidad laboral a una precariedad e incertidumbre de no saber en qué centro de salud vas a estar mañana; A ser una mujer pegada a un teléfono esperando que el coordinador o la dirección de atención primaria de una departamento te llame las 7.30h. de la mañana para que pases consulta esa misma mañana a las 8:00h; A firmar más de 15 contratos en un mes; A no saber cuál es tu salario a final de mes; A tener que contar si te han pagado todos los días; A no saber si vas a tener vacaciones; A que aunque hayas trabajado todas las semanas solamente has cotizado 100 días porque ni lo fines de semana ni los festivos te los pagan; A que abran la bolsa (que sigue cerrada); A que salgan oposiciones, que no aprobarás porque se presentan 3000 personas para 200 plazas y como no tienes experiencia no tendrás tu plaza hasta dentro de 10 años… Y un largo suma y sigue.

Los médicos veteranos cuando me intentan animar siempre me dicen “Cuando acabamos nosotros estábamos mucho peor”. Ciertamente esta frase no es de gran consuelo pero al menos tienes un rayo de esperanza de que las cosas van cambiando, pero muy poco a poco.

Actualmente mi situación ha cambiado y estoy con un contrato de guardias en una zona semirural de Castellón. Un pueblo de 5000 habitantes con su pedanías y playas colindantes que se llama Almenara. Quizás esta es la luz que todo JMF aspira hasta que nos llamen de esa bolsa hermética para una vacante. La Atención Continuada, para la mayoría de los JMF, es un periodo transitorio. Sabemos que estaremos unos años y que la vacante llagará en algún momento. Pero también sabemos, como comentaba recientemente en una conversación con mi amigo Javier Ramírez, “La inmediatez es, en ocasiones, el lado oscuro de la accesibilidad, siendo la accesibilidad una de las características de la AP”. En mi humilde opinión gozo de una estabilidad laboral pero con unas condiciones precarias.

A pesar de mis quejas y mis reclamos por una Atención Primaria de calidad, me gustar por encima de cualquier especialidad y lucho por ella todos los días. Uno de mis últimos proyectos en los que me he metido, junto con otros médicos jóvenes de atención primaria, es hacer una decálogo por la Atención Primaria. De momento estamos con la redacción del manifiesto, pero nuestra intención es que esto llegue a las autoridades autonómicas. No sé si servirá de algo pero esta joven idealista tiene ganas de que las cosas cambien. De lo contrario siempre tendremos abiertas las puertas de Suecia, Reino Unido o Francia donde parece que se está yendo todo el mundo porque las cosas si que parecen funcionar.

En cuanto a mis placeres me encanta la lectura crítica y la política. Los idiomas, hablo inglés, francés, catalán y español. Y el danés lo entiendo levemente. La culpa de todo esto la debe de tener mi madre amante y militante de la política y filóloga. Me encanta hacer yoga y pilates, disciplina que practico 2 o 3 veces a la semana desde hace 10 años. Beber un buen té, una buena conversación con amigos y el placer de estar sentado en un sitio donde haya silencio.

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Asunción Samper Hernández

asun

@lumiere229

Ilicitana de cuna y alérgica al polen de palmera, llegué al mundo de la medicina más bien de casualidad, mientras estudiaba células y tejidos me di cuenta que lo que realmente me interesaba eran las personas que formaban dichas células. En mi familia nadie es médico, pero todos (sobre todo mi abuela) tienen claro que si algún medicamento les sienta mal… no van a tomárselo, diga lo que diga el doctor.

En la actualidad soy residente de cuarto año de Medicina Familiar y Comunitaria en el centro de salud de Altabix (Elche). No dejo de sorprenderme de la cantidad de retos que esta especialidad puede ofrecer.  También formo parte de la Vocalía de Residentes y del grupo de trabajo de Comunicación y Salud de la SoVaMFiC, aunque no tengo mucho tiempo de ayudar.

Especialmente interesada en los cuidados paliativos y en el acompañamiento de los pacientes con enfermedades crónicas, sean clasificados como pluripatológicos, crónicos complejos o frágiles, ya que lo importante no son las “etiquetas”, si no las personas, por las que podemos y debemos mejorar cada día. Recientemente he rotado en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Dr. Negrín, una experiencia inolvidable tanto por lo que aprendí dentro como fuera de ese servicio.

Mis objetivos en la vida a día de hoy son formarme de la manera más neutral y aséptica posible y visitar todas las islas Canarias, entre otros lugares del mundo. En mis ratos libres me gusta leer, escuchar música de cuando aún no había nacido y tomar cerveza con mis amigos.

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Lluís Espanya Cruañes

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@e_lluis

Apasionado de los proyectos con personas: a veces organizo cosas, otras desorganizo. Desubicado en persona, tiempo y espacio mayoritariamente.

Por la mañana no soy persona, de noche suelo aguantar en condiciones. Intento comer de la mejor manera posible y desde que trabajo se me resiste el ejercicio físico de forma regular. Tengo una bandeja de entrada en el correo electrónico que da miedo, pero acabo organizándome sorprendentemente bien. Me encanta el mar.

Soy hermano mayor de Inma, nieto de Vicenta y orgulloso hijo de mis padres. Nací en Valencia (aunque yo siempre diga que soy de Xàbia) y desde pequeño dicen que siempre preguntaba el porqué de las cosas. Yo sí que recuerdo que las ganas de conocer y aprender me han acompañado en todo momento, y gracias a ello me he interesado por numerosas disciplinas: pintura, kárate, teatro, química, videojuegos, voleibol… pero la música siempre ha sido la mayor de mis pasiones.

A pesar de ello, cuando cumplí los 18 años caí en la Facultad de Medicina y fui cumpliendo con los cursos hasta que gracias a un maravilloso Erasmus en Berlín aprecié el valor de lo que estaba estudiando. A la vuelta del exámen MIR decidí ser médico y por diversas casualidades acabé trabajando en Honduras un breve periodo de tiempo. Allí descubrí a la fuerza los determinantes sociales, aún sin saber qué demonios eran: fue tal la impresión que cuando llegó el momento de elegir especialidad lo tuve clarísimo: medicina familiar y comunitaria (#lamásbonitadelmundo).

A día de hoy sigo motivadísimo con mi parte musical y fascinado por el montón de experiencias y gentes extraordinarias que me he ido encontrando por el camino.

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Ana Pagá Casanova

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Ana Pagá

Siempre me he sentido más cómoda aprendiendo un poco de todo que mucho de poco. Me llamó la atención la carrera de medicina precisamente porque el programa formativo me pareció variado y con un gran contenido en biología, que era la materia que más me gustaba y que mejor se me daba. Y me formé en Medicina Familiar y Comunitaria porque la vi como la especialidad que más campos me iba a permitir conocer sin profundizar demasiado en ninguno de ellos. La residencia se encargó de demostrarme que esta especialidad era mucho más que eso.

Tras cuatro años de formación en un ambiente laboral y docente quizá demasiado ideal, no tardé en toparme con la realidad más común de una maltratada Atención Primaria. En plena crisis económica, la precariedad laboral y las consultas abarrotadas hicieron que me plantease alternativas para asegurarme el sustento de una forma menos incierta y frustrante. Así fue como acabé re-especializándome en Medicina Preventiva y Salud Pública, especialidad también muy genérica y versátil – porque yo sigo en mis trece – que me pareció que complementaría muy bien a mi anterior formación. Y así resultó ser.

Actualmente trabajo en un servicio de Medicina Preventiva hospitalaria donde, entre otras cosas, me dedico a la vigilancia y al control de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, a la asesoría sanitaria de viajeros internacionales y a la vacunación de personas inmunodeprimidas. Sigo manteniendo el contacto con la Atención Primaria y, aunque de momento estoy contenta y satisfecha donde estoy, es allí donde me veo en un futuro.

Al margen de lo profesional, disfruto caminando por el monte, amodorrándome mientras leo una novela antes de irme a dormir, inventando recetas de cocina que no suelen tener mucho éxito y viendo cambiar el paisaje desde detrás de la ventanilla de un tren. He pasado la mayor parte de mi vida en Valencia y cuando me preguntan de dónde soy, cada vez me resulta más natural contestar que de esta ciudad.

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Viola Cassetti

viola

@ViolaCassetti

Soy italiana de nacimiento, pero me considero una ciudadana global. Apasionada y curiosa desde siempre, empecé mis estudios formándome en antropología en Bolonia (Italia) y luego en desarrollo y derechos humanos en Londres. Con la inocencia de los que salen de la universidad pensando que aún pueden cambiar el mundo, me fui a trabajar a Nicaragua, en principio iba a quedarme tres meses y al final me quedé casi dos años. Allí aprendí que la salud no significaba hospitales y médicos, sino que la salud era algo social, cultural, económico y político. Aprendí a escuchar y trabajar con las personas y las comunidades. Ese fue mi encuentro con la salud pública y los determinantes sociales. Como dije, soy curiosa y me encanta explorar, estudiar, conocer y aprender, tanto de los libros cuanto de las personas. Y así empecé a leer por mi cuenta sobre salud, epidemiología y participación comunitaria. Me quedé trabajando al otro lado del charco un poco más, en México con una cooperativa de diseñadores y alfareros tradicionales, y en 2014 volví a Europa para estudiar salud pública. Llevo unos años estudiando y trabajando entre España y Reino Unido, aprendiendo herramientas para mejorar la investigación y las prácticas de promoción de la salud. Las que me conocen, saben que soy fan y promotora de la investigación y evaluación cualitativa. Ahora soy doctoranda en la Universidad de Sheffield, con un proyecto de investigación entre los dos países, y colaboro con grupos de trabajo en España, como el PACAP y el grupo AdaptA GPS de adaptación de la guía NICE sobre participación comunitaria para mejorar la salud.

En mi tiempo (nunca-) libre intento hacer mi parte de activismo cotidiano comprando a través de un grupo de consumo local y de proximidad, empujando una movilidad sostenible y compartida (valenbisi) y disfrutando de las montañas de la Serra Calderona que estoy conociendo a paso de senderismo cada fin de semana.

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Javier Ramírez Gil

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@Ramipril_

De un pueblo de Alicante, de cuyo nombre no quiero acordarme. Heredé los valores y forma de pensar de mi abuelo materno. Dicen de mí que de pequeño tenía curiosidad por todo y afán por aprender. Lo cierto es que, cuando crecí, me costó mucho aquello de escoger entre ciencias y letras. Al final, por el camino de la biología y la química llegué, paradójicamente, a la carrera de humanidades más larga que existe. La realidad se empeñó en mostrarme una y otra vez que la mayor parte de determinantes de la salud y la enfermedad están fuera de la consulta. Mi interés por comprender mejor los entresijos del mundo en que vivimos me hizo aproximarme al lado más social de las ciencias de la salud.

Realmente me agobiaba la idea de especializarme, por eso elegí, en parte a contracorriente, ser médico generalista. Pronto confirmé que me sentía más feliz y realizado aprendiendo y ejerciendo en atención primaria que en un macrohospital. Actualmente estoy finalizando la residencia de Medicina Familiar y Comunitaria en Elche.

Procedente de familia de músicos, toco el clarinete, aunque mi asignatura es pendiente es aprender a tocar el piano. Disfruto, me relajo y emociono escuchando música, bien actual o de otras épocas, ya que como Nietzsche, pienso que sin ella, la vida sería un error. Además de los que tratan cosas más o menos médicas, me gustan los libros, películas y series que me hacen reflexionar, así como la ficción histórica y distópica, por su, en ocasiones, inquietante parecido con la realidad.

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